la donación de Zamora a urraca
Faltaban unas semanas para que acabara el verano de 1967. El domingo 20 de agosto, un joven Miguel Ángel Mateos, estudiante de Filosofía y Letras (especialidad Historia) en la Universidad Complutense de Madrid, pulsaba el botón rojo y lanzaba la bomba: “Doña Urraca no fue reina de Zamora”, título de una serie de nueve artículos que se publicarían en el diario “El Correo de Zamora”, desde agosto de ese año hasta enero del siguiente. El blanco, una Zamora demasiado nostálgica de su pasado, un tanto obsesionada por el medievo, adoradora del mito del “Cerco” -no tanto de la historia-, y que encaja el golpe no demasiado bien.
No hacía mucho que el juez Federico Acosta Noriega, lo había hecho teatro en “Cuando Zamora era reino” (drama estrenado en 1960 y publicado al año siguiente), por lo que no es difícil pensar que estos textos, que afirmaban que Doña Urraca no fue Reina, ni aún Señora de Zamora, cayeran como un jarro de agua fría en la “zamoranía trágica”. Miguel Ángel entendía los riesgos de un trabajo que planteaba, ya en la primera entrega, “sin ánimo polémico, sin procurar disminuir ni en un ápice la gloria de Zamora”, como unas “anotaciones o apuntes para una nueva concepción sobre los hechos que motivaron el Cerco de Zamora”


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